Ella es hermosa, quizás más de lo que debería. El solamente lo sabe y guarda silencio.
Ella trabaja arduamente en una empresa lejos de su casa, cada mañana se levanta temprano, llega a tiempo. El viaja tan lejos como su dinero y buen gusto se lo permiten, consigue un trabajo, siempre llega tarde.
Ella ahorra mucho dinero, consigue un buen hombre, una buena “adquisición” (como ella misma lo llama). El no ahorra un centavo, gasta todo su dinero (y el de toda su familia), conoce otras mujeres pero aun piensa en Ella.
El se siente miserable de no poderle buscar y decirle cuanto le ama. Ella quizás nunca lo sepa ni necesite saberlo, ya tiene alguien que le diga las mas acarameladas y deliciosas frases en su oído; alguien por quien sentir esa pasión que creyó perdida en El.
Ella lo busca desinteresadamente un día cualquiera. El se niega, porque aun le interesa todo de ella.
El sueña con Ella. Ella sueña con otro.
Ella le amaba, El le amara para siempre.
El cumple una promesa fallida para Ellos, la cumple para sí mismo, se siente un pusilánime caminando incautamente por un parque que juraron recorrer juntos. Ella camina feliz con su nuevo amor por una calle cualquiera de una ciudad innombrable.
Ella se ha entregado a la vida frívola y placida, la vida que siempre criticó y, de la que juro nunca ser parte pero que ahora convenientemente disfruta en compañía de sus incuestionables grandes amigos. El lleva una vida a un ritmo casi geriátrico, con algo de alopecia y una total disfunción eréctil producto de su desinterés en el sexo y otras actividades amatorias.
Ella no extraña al hombre que era dueño de su cama, extraña al amigo que tenia en El, dueño de sus secretos y fantasías. El extraña hablar interminablemente con Ella, hablar hasta caer, consentir hasta morir, acariciar hasta ceder, besar hasta ahogar, jugar hasta llegar, desvelarse hasta jugar.
El se levanta en la mañana recordando las desaforadas noches de pasiones inocentes e indecentes que los consumían, aun parece escuchar los besos y las caricias que tanto la estremecían. Ella se levanta en compañía de otro hombre al que le ha jurado querer levantarse cada día a su lado.
El camina por una ciudad de nombre improbable, ve las mujeres más atractivas que jamás imagino, las admira en silencio mientras las ve pasar. Ella camina y ve su nuevo amor, sonríe y piensa que ellos se merecen el uno al otro.
El aun conoce la ubicación exacta en casa de Ella donde siempre escondió una caja de preservativos para una ocasión especial, Ella desconoce la existencia de dicho kit de supervivencia pero tiene ocasiones especiales.
El piensa en ella muy amenudo aunque ha aceptado que nunca podrá volver a verla. Ella nunca aceptara que piensa en El algunas veces, sería darle una importancia inmerecida a aquel osado engreído que se atrevió rechazarle en alguna ocasión o quizás en más de una guiado por su insaciable orgullo; nadie está preparado para un rechazo y tampoco nadie lo está para una desilusión.
El mira una mujer en su cama, siente que es un cobarde de no poderle amar como merece ó de la misma manera que le amo a Ella. Ella mira su nuevo amor en la cama, entiende que nunca estuvo más segura de entregarse a un hombre.
El desea tenerla a su lado, discutir un poco, agarrarle fuertemente en sus brazos, darle un beso encendido, tocar su cuerpo, erotizar sus sentidos, recorrerle con sus labios de pies a cabeza, consentir cada tesoro de su ser, de su bondad, perturbar las mas intimas partes de su sexualidad, tomarle con pasión y ternura, con fuerza y delicadeza, hacer el amor hasta el cansancio por primera vez o al menos por una última vez. Ella desea vivir este combate amatorio aunque no será Él quien le brinde este placer.
Ella aun tiene recuerdos imborrables e imprescindibles de El: un hijo que maulla y exige comida dia a dia. El no lo olvida, aunque tampoco lo alimenta.
El pregunta la fecha de hoy en un banco lejano de cualquier lugar y recuerda que algún día como este: El fue feliz y que en un día como hoy. ¡Ella es Feliz! Y nada puede ser mejor si la mujer que amara para siempre, la madre de sus hijos; es feliz, su amor le impide quererla un poco menos y desearle algo diferente. ¡Un Feliz Día ó un Día Feliz!.
Ella trabaja arduamente en una empresa lejos de su casa, cada mañana se levanta temprano, llega a tiempo. El viaja tan lejos como su dinero y buen gusto se lo permiten, consigue un trabajo, siempre llega tarde.
Ella ahorra mucho dinero, consigue un buen hombre, una buena “adquisición” (como ella misma lo llama). El no ahorra un centavo, gasta todo su dinero (y el de toda su familia), conoce otras mujeres pero aun piensa en Ella.
El se siente miserable de no poderle buscar y decirle cuanto le ama. Ella quizás nunca lo sepa ni necesite saberlo, ya tiene alguien que le diga las mas acarameladas y deliciosas frases en su oído; alguien por quien sentir esa pasión que creyó perdida en El.
Ella lo busca desinteresadamente un día cualquiera. El se niega, porque aun le interesa todo de ella.
El sueña con Ella. Ella sueña con otro.
Ella le amaba, El le amara para siempre.
El cumple una promesa fallida para Ellos, la cumple para sí mismo, se siente un pusilánime caminando incautamente por un parque que juraron recorrer juntos. Ella camina feliz con su nuevo amor por una calle cualquiera de una ciudad innombrable.
Ella se ha entregado a la vida frívola y placida, la vida que siempre criticó y, de la que juro nunca ser parte pero que ahora convenientemente disfruta en compañía de sus incuestionables grandes amigos. El lleva una vida a un ritmo casi geriátrico, con algo de alopecia y una total disfunción eréctil producto de su desinterés en el sexo y otras actividades amatorias.
Ella no extraña al hombre que era dueño de su cama, extraña al amigo que tenia en El, dueño de sus secretos y fantasías. El extraña hablar interminablemente con Ella, hablar hasta caer, consentir hasta morir, acariciar hasta ceder, besar hasta ahogar, jugar hasta llegar, desvelarse hasta jugar.
El se levanta en la mañana recordando las desaforadas noches de pasiones inocentes e indecentes que los consumían, aun parece escuchar los besos y las caricias que tanto la estremecían. Ella se levanta en compañía de otro hombre al que le ha jurado querer levantarse cada día a su lado.
El camina por una ciudad de nombre improbable, ve las mujeres más atractivas que jamás imagino, las admira en silencio mientras las ve pasar. Ella camina y ve su nuevo amor, sonríe y piensa que ellos se merecen el uno al otro.
El aun conoce la ubicación exacta en casa de Ella donde siempre escondió una caja de preservativos para una ocasión especial, Ella desconoce la existencia de dicho kit de supervivencia pero tiene ocasiones especiales.
El piensa en ella muy amenudo aunque ha aceptado que nunca podrá volver a verla. Ella nunca aceptara que piensa en El algunas veces, sería darle una importancia inmerecida a aquel osado engreído que se atrevió rechazarle en alguna ocasión o quizás en más de una guiado por su insaciable orgullo; nadie está preparado para un rechazo y tampoco nadie lo está para una desilusión.
El mira una mujer en su cama, siente que es un cobarde de no poderle amar como merece ó de la misma manera que le amo a Ella. Ella mira su nuevo amor en la cama, entiende que nunca estuvo más segura de entregarse a un hombre.
El desea tenerla a su lado, discutir un poco, agarrarle fuertemente en sus brazos, darle un beso encendido, tocar su cuerpo, erotizar sus sentidos, recorrerle con sus labios de pies a cabeza, consentir cada tesoro de su ser, de su bondad, perturbar las mas intimas partes de su sexualidad, tomarle con pasión y ternura, con fuerza y delicadeza, hacer el amor hasta el cansancio por primera vez o al menos por una última vez. Ella desea vivir este combate amatorio aunque no será Él quien le brinde este placer.
Ella aun tiene recuerdos imborrables e imprescindibles de El: un hijo que maulla y exige comida dia a dia. El no lo olvida, aunque tampoco lo alimenta.
El pregunta la fecha de hoy en un banco lejano de cualquier lugar y recuerda que algún día como este: El fue feliz y que en un día como hoy. ¡Ella es Feliz! Y nada puede ser mejor si la mujer que amara para siempre, la madre de sus hijos; es feliz, su amor le impide quererla un poco menos y desearle algo diferente. ¡Un Feliz Día ó un Día Feliz!.
Daniel Rodriguez.